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Espasa Calpe, 2008. Madrid, 1ª Edición.
Una de las peculiaridades de “Testo yonqui” es que no sigue el formato tradicional de ensayo. Por el contrario, el libro está claramente estructurado en dos niveles, el descriptivo y el teórico. De esta manera hay una alternancia a lo largo de los capítulos entre las vivencias personales de una época concreta de la autora y las ideas que apoyan su propio “viaje” personal. Éste es uno de los motivos por los que se hace más relevante observar la personalidad de la autora para poder comprender con más claridad el porqué y el significado de las ideas que aporta. Además Preciado facilita que se la observe de esta manera porque es extremadamente sincera en el libro. A mi modo de ver la sinceridad no sólo deja a las claras la personalidad de la autora, sino que también revela una cierta precipitación a la hora de publicar el libro. Posiblemente hubiese podido “limar” mejor varias incoherencias que hay en este meritorio libro si se hubiese tomado más tiempo en corregirlo. Cabría pensar que el hecho de que el libro esté escrito intentando reflejar un “viaje personal” en un momento concreto haya favorecido que se publicase sin extremar las revisiones sobre el mismo.
Lo peculiar de la estructura del libro nos da la primera pista para comprender qué clase de intelectual es quién lo escribe. Preciado es filósofa. Es decir, su terreno natural está en el mundo de las ideas y el de los conceptos. El que haya querido introducir a la vez un diario cronológico y vital pienso que viene dado, en buena medida, por dos motivos. El primero su orientación de izquierdas (marxista, en algunos apartados) que, como es bien sabido, se ha caracterizado por tener una especial vinculación práctica. O lo que es lo mismo, la idea surge de la realidad y vuelve a ella para transformarla. En el caso de Preciado la realidad está vinculada tanto a su situación personal de “trans” como a su percepción de la sociedad. Creo yo que, además, este apego por el mundo concreto deja entrever el lado femenino de su personalidad. Precisamente no es casualidad que en estos dos motivos (concreción femenina y vinculación política) coincida con la mayor parte de las filósofas que la han precedido. Recordemos, por ejemplo, la preferente orientación política de Hannah Arendt, Simone de Beauvoir, la española María Zambrano, Simone Weil, Rosa de Luxemburgo, etc… En cuanto a filósofa, la parte principalmente conceptual, Preciado también puede asociarse a un rasgo común con sus predecesoras, la masculinización. Justamente el libro describe y se afianza intelectualmente en este proceso que consciente y deliberadamente ejerce su autora. Aunque en Preciado la masculinización llega a un nivel elevado debido a su condición de “trans”, la misma circunstancia vemos en otras filósofas que la precedieron. Simone de Beauvoir es descrita por Sartre con estas palabras: “lo maravilloso de Simone de Beauvoir es que tiene la inteligencia de un hombre”. Simone Weil, además de haber tenido una clara educación masculina, llega al punto de dirigirse a sus padres por carta diciendo “tu hijo respetuoso”. Otra característica en la que se Preciado se iguala a muchos de los más reconocidos filósofos es en el sentimiento de fealdad. Ella misma percibe su infancia en estos términos: “Me convierto en un monstruo miope de mentón pronunciado, de brazos y piernas largos y dramáticamente delgados.” (p.75). Constante también ha sido en los filósofos, al contrario que en los literatos, su poca vinculación con el mundo de las drogas. Preciado es de la misma condición: “Hasta ahora nunca he podido engancharme a nada. Ni al tabaco, ni a la coca, ni a la heroína, a nada.” (p.166) Esta desvinculación entre razón y sentimiento también se traslada a las relaciones amorosas: “Cuando la estoy besando pienso en que quiero besarla, cuando hablo con ella pienso en que necesito urgentemente hablar con ella.” (p.169). Aquí coincide igualmente con el comportamiento de otros filósofos en los que la racionalización se impone al sentimiento.
Curiosamente Preciado se caracteriza por no llevar la acción al mismo nivel del pensamiento. Es decir, no hace que sus acciones sean consecuentes con su forma de pensar. En cuanto a esto no sería una excepción ya que el adecuar el modo de vida con el pensamiento del autor fue algo principalmente característico de los primeros tiempos de la historia de la filosofía. En la actualidad no resulta nada inusual que muchos de los más destacados pensadores vivan de una forma y piensen de otra, algo que no devalúa la calidad de su pensamiento. Pero, ya que nos estamos refiriendo al caso concreto de “Testo yonqui”, vemos que esta paradoja supone una dificultad que hace vivir a la autora en una contradicción que le impide progresar en su propio viaje personal. En buena parte esto es así debido a la mencionada vinculación política. Es decir, a la necesidad de que las ideas tengan una progresión en la práctica. Preciado, incluso, pretende abanderar un movimiento de cambio mundial que, sorprendentemente y de forma literal, no llega a más porque no había más dinero para más fotocopias:
“Unos cuantos activistas queer nos reunimos en mi casa. Rue Jean Pierre Timbaud, y hacemos unos folletos, doscientas fotocopias, no hay pasta para más.” (p.70)
Algo que contrasta con otra serie de gastos superfluos típicos de cualquier burgués que la propia Preciado describe cómo va realizando a lo largo del libro: “Así que voy al supermercado del sexo del boulevard Magenta, hetero pero más barato que los de Marais.” (p.228); la estancia en el Balneario, etc… Es por todo esto que la actitud de Preciado oscila entre el carácter revolucionario y el carácter rebelde. Rebelde en cuanto a que se siente una marginada y desea tomar el poder para ella. Revolucionario merced a este aspecto que, aunque a menudo se quede únicamente en la idea, busca el cambio social como medio de liberación.
“En mis talleres, por supuesto, el jefe soy yo. Y ese poder no se declina, porque si lo declinas a favor de otro o de otros, entonces has perdido tu caché king.”(p.261)
Esta faceta “rebelde” es también una prolongación de su carácter dominante que, como suele suceder, se deja ver todavía más claramente en su comportamiento sexual. Aquí Preciado suele adoptar el rol dominante aunque, merced a la orientación BDSM que le da, en ocasiones se invierte el papel y ella pasa a ser voluntariamente la dominada: “[…] en sueños sé que yo soy su puta.” (p. 74); “Soy su puta. Ahora yo soy su perra.” (p.221). En ambos casos permanece el nexo de sumisión de una parte a la otra como medio de unión.
Preciado tiende a sentirse como si el mundo girase en torno a ella. Algo que, igualmente, se refleja en el libro y que hace que, en varias ocasiones, la realidad llegue a quedar tergiversada. Uno de los ejemplos más exagerados es la comparación que llega a hacer al comienzo del libro entre su ciudad natal, Burgos, y la que fue eje del fascismo nazi, Berlín.
“Mi padre tenía el primer y más importante garaje de Burgos, una villa gótica de curas y militares en la que Franco había instalado la nueva capital simbólica de la España fascista. De haber ganado la guerra Hitler, la nueva Europa se habría asentado en torno a esos dos polos (cierto desiguales), Burgos y Berlín, o al menos con eso soñaba el pequeño general gallego.” (p.25)
Esta tergiversación de la realidad se extiende no sólo a su ciudad de origen, sino a todo en lo que ella se implica. Es por esto que cualquier mínimo detalle que ella hace adopta un tono entre épico y mágico, además de conllevar siempre una significación especial. Por ejemplo, pese a que las dosis que toma de Testogel no tienen unas consecuencias especialmente graves (únicamente algunos sangrados vaginales hacia la parte final de la narración), Preciado lo describe en el mencionado tono: “Como si se tratara de una droga dura, espero a estar sola en casa para probarlo.” (p. 47). Igualmente cuando dice “Durante meses me dedico a tiempo completo a organizar lo que entonces yo creo será una revolución pansexual inminente […]” (p. 70), cita en la que une el mencionado carácter dominante que la obliga a encabezar un movimiento (en vez de preocuparse por el movimiento en sí aunque ella no estuviese a la cabeza), al tiempo que repite la vivencia mágica y especialmente importante de lo que ella hace. Desproporción que queda manifiesta entre su percepción y la repercusión real de su iniciativa. El mismo carácter rebelde que la obliga a ser el centro de todo lo que es importante también la empuja a jerarquizar a las personas y, al adjudicarse a las que atribuye de mayor calidad, se postula implícitamente a sí misma como lo idóneo: “Las mejores niñas son para mí.” (p. 75). Es inevitable que bajo términos como estos las vivencias que se describen en el libro deriven, en ocasiones, necesariamente en un cierto tono cosificante. Por ejemplo, cuando abandona a una amante por otra simplemente por el hecho de que la estima “mejor” en cuanto a calidad. La atracción sexual que Preciado ha tenido desde su adolescencia por las mujeres, “[…] desde cuarto del antiguo EGB salgo únicamente con las chicas más sex de mi clase y no estoy dispuesto a declinar ese status.” (p.75), unida a su convicción de que los sexos tal como están concebidos hoy en día son una invención y sumada a su tendencia hacer girar el mundo en torno a sí misma, le lleva a despreciar el que una mujer no sienta atractivo por ella al reconocerla también como mujer. En este cuestión aprovecha para citar a Jill Johnston: “Hasta que todas las mujeres no sean lesbianas no habrá revolución política” (p. 106)

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