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Editorial Anagrama, 2009. España.
La crítica literaria sólo se interesa por la tragedia, por lo referente al ámbito artístico. Prescinde deliberadamente de una zona del mito a la que se niega a tocar. El origen de esta perspectiva se remonta a la “Poética” de Aristóteles donde explícitamente se menciona que el autor trágico no toca y no debe de tocar los mitos porque todo el mundo los conoce.
Se suele elogiar a Sófocles por haber creado un Edipo fuertemente individualizado porque es generoso e impulsivo, pero los problemas inevitablemente aparecen al surgir la cólera que el mismo Edipo se reprocha ya que, según él, un héroe trágico no puede existir sin ella. Es Tiresias el que suscita el primer acceso y Creonte acaba siendo la causa del segundo. De esta manera es la cólera la que le lleva a golpear a un anciano que le obstruía el paso en un cruce de caminos. La cólera está presente en todos los mitos, no se trata de ningún hecho aislado. Al final todos los personajes se acaban encolerizando. Esto es así porque supone una ayuda al desarrollo trágico.
En el caso de Edipo es él el primero en adelantarse pero hay más personajes que mantienen la misma distancia respecto al mismo objeto que no es otro que el conflicto trágico que quedará plasmado con la peste. Al principio todos se creen capaces de dominar la violencia pero es ella la que los domina. Los tres protagonistas se creen superiores al conflicto ya que Edipo no es de Tebas, Creonte no es rey y Tiresias está en las nubes. Sin embargo todos los protagonistas son arrastrados por la misma violencia que los convierte en la misma cosa. Así el mito no resuelve explícitamente el problema de la diferencia pero lo resuelve de forma brutal con el parricidio y el incesto. Finalmente, en la conclusión del mito, no hay más que la victoria camuflada de una parte sobre otra.
Si hablamos de los crímenes del hijo de Layo resulta lo mismo ser regicida en el orden de la polis que ser parricida en el orden de la familia. En ambos casos el culpable se convierte en asesino de la diferencia. Mediante el parricidio se muestra la reciprocidad violenta entre padre e hijo. Layo es primero violento con Edipo y éste le devuelve la violencia. Finalmente la rivalidad termina proyectándose contra la madre, esto es el objeto más reservado del padre y prohibido al hijo. En este apartado hay que señalar que las madres de gemelos suelen ser sospechosas de haberlos engendrado en unas relaciones incestuosas.
Parricidio e incesto tienen un distinto disfraz en la crisis sacrifical porque ésta está en ambos distribuida de manera diferente Lo que le falta a parricidio e incesto para revelar la crisis lo aporta la peste. Y al revés, lo que le falta a la peste lo aportan parricidio e incesto. La peste, al igual que el resto de las diferentes epidemias, no es otra cosa que un símbolo de la crisis sacrifical. Muestra de esto es que el oráculo atribuye la peste de Tebas a la presencia contagiosa de un asesino. Edipo es pues un chivo expiatorio humano que en toda sociedad resulta un remedio rápido y violento que responde a la violencia insoportable. Su rol queda asumido al hacérsele responsable de la ruina de la ciudad. En el instante en el que parece todo perdido la ciudad entera se desplaza a la violencia que la liberará. Para que la ciudad se libere debe de transferir esta violencia sobre un individuo único, Edipo. A medida que la crisis se exaspera toda la ciudad se convierte en “gemelos de la violencia”. Unos son los dobles de los otros. En este momento cualquiera puede convertirse en el doble de todos los demás y una sola víctima puede sustituir al resto de sus hermanos. Es la víctima propiciatoria. Precisamente la unanimidad violenta es lo que se revela como el fenómeno fundamental de la religiosidad primitiva.

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