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Editorial Anagrama, 2009. España.
Es característica la preponderancia de las mujeres en el culto de Dionisio. Justamente la lectura de Dionisio se hace a través de las Bacantes, que se presentan como una fiesta ritual. En este momento el poeta trágico señala la desaparición de las diferencias debido a la intervención de los dioses. La tragedia de las Bacantes es pues la fiesta que acaba mal porque es el origen de la crisis sacrifical. Se anulan las diferencias entre sexos y clases sociales. También la distancia entre hombre y dios. Aquí se reconocen los típicos rasgos sacrificales en cuanto a que todas las bacantes participan en la inmolación y en cuanto a que no se utiliza ninguna arma ya que la víctima es desgarrada con las manos. Este rito, pese a la apariencia sádica, está orientado hacia la tranquilidad. El único tipo de violencia que produce es la que expulsa la violencia. Precisamente la figura de Dionisio carece de entidad fuera de la violencia. Todos sus atributos están relacionados con ella. Tiene la ebriedad más terrible, el furor homicida.
En casi todas las culturas hay fiestas rituales en las que se permiten la transgresión de las prohibiciones. Puede ser sólo promiscuidad, que se tolera o incluso se prescribe, o puede llegar al incesto generalizado. La trasgresión hay que inscribirla en un marco de supresión de la diferencia. Esta desaparición de las diferencias va frecuentemente asociada a la violencia y al conflicto. Es entonces cuando frecuentemente aparece un rey temporal, un “rey de los locos”, que no es más que otra víctima del sacrificio porque a su vez será inmolado.
En la fiesta, como bien ha entendido Durkheim, se trata de vivificar y rememorar el orden cultural repitiendo la experiencia fundadora. Ahora la crisis se convierte en materia de regocijo. También pueden darse ritos que constituyan la anti-fiesta. Por ejemplo, en los ritos de los Incwala swazi quedan prohibidas las relaciones sexuales más legítimas al tiempo que también se prohíbe la fiesta. Los individuos deben de evitar los contactos incluso consigo mismo, no deben lavarse, rascarse la cabeza, etc...
El exorcismo es un rito que ocupa el lugar del sacrificio. Para expulsar al diablo se lanzan gritos, bastonazos, etc… “Nada tan natural, en apariencia, nada tan evidente como expulsar al diablo a escobazos cuando se es lo bastante estúpido como para creer que existe”. Durante la crisis se busca alcanzar el colmo de violencia de forma que lo que agredimos no responda. Todos desean asestar el golpe definitivo. Después del rito todos golpean al vacío, con lo que se hace evidente lo común a todos los ritos pero que aquí se pone especialmente en claro. Que no hay adversario. Mientras todos sigan golpeando a la nada no se golpearán entre ellos.

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